Cuando era pequeña solía tener miedo a muchas cosas que hoy acepto con naturalidad; me daban miedo los perros que tanto me gustan ahora, por poner un ejemplo; pero, me daban miedo además ciertas personas, unas por sensaciones que despertaban, simplemente por sus gestos, su tono de voz, la forma en que me miraban; otras en cambio me asustaban por el sólo hecho de ser distintas de mí y de la gente que habitualmente me rodeaba, eran gente de otra raza, que se vestía y hablaba en modo 'extraño', que tenían un comportamiento que provocaba murmuraciones a su paso.
Miles de kilómetros, y otros tantos de caras después, he superado muchos miedos, y continúo en la lucha por superar otros tantos, y el principio que impulsa esa lucha es la firme convicción de que todos esos miedos estaban alimentados de ignorancia y de pobreza de espíritu (no se como traducir esta expresión en 'no creyente', disculpad).
Es comprensible tener miedo a lo distinto, a lo nuevo, a lo extraño, lo que no se entiende es la obstinación de ciertas personas que se niegan a ver la realidad de nuestro mundo, un mundo diverso y dinámico, colorido, lleno de vida, y que como todo organismo vivo debe desarrollarse, y el desarrollo implica cambios.
Por otro lado también apoyo, en cierta manera, la defensa de lo tradicional; en parte por nostálgica, y en parte por prudente; a pesar de mi juventud, en más de una ocasión, me he encontrado añorando 'viejos tiempos' o lamentándome de que las cosas no sean lo que eran, y es que como dice Mafalda, 'Este mundo moderno tiene más de moderno que de mundo'.
Mientras unos luchan por el conservadurismo, a otros tantos, jactándose de progresistas, poco les falta para intentar hacer girar el planeta a la izquierda (en sentido literal); se olvidan de que muchas cosas, que no todas, se han hecho así durante tanto tiempo por una razón válida; se olvidan de que a pesar de que sea necesario un cambio, este lleva tiempo; y se olvidan de que en un mundo diverso, lo que ellos ven lógico, a otros les parecerá disparatado.
Existen grandes valores en nuestra sociedad, y uno de mis favoritos es la tolerancia; no es por presumir, pero suelo tomar buenas decisiones, y creo que elegir este valor como estandarte es una de ellas. Nos encanta pedir, queremos que nos comprendan, que nos respeten, que nos valoren; y digo yo, con perdón de quienes los odian, que vivan los tópicos! porque hay uno que me viene al pelo: Hay que dar para recibir. Somos diferentes, todos y cada uno, y queremos que se nos respete, e incluso que se nos quiera tal y como somos, pues lo dicho, aprendamos a respetar y apreciar a los demás, más aun cuando son distintos de nosotros, porque esa variedad nos enriquece.
lunes, 19 de julio de 2010
viernes, 23 de abril de 2010
El cambio que necesitábamos. Enhorabuena compañeros!!
Cursé mis estudios a partir del 1º básico, hasta 3º de bachillerato en un colegio religioso, de monjas para ser más exactos. Una institución de ese tipo estaba caracterizada por la uniformidad, y no me refiero a el conjunto verde y beige que debíamos lucir todas las alumnas por reglamento, su intento de alienación iba más allá.
No me quejo, recibí una educación en valores que llevo muy arraigada y que agradezco, pero que se asentó en mí gracias a que esa educación fue enriquecida en casa, donde mis padres se preocuparon de matizarla hasta hacerla mía, llegando a formarme principios más allá de las normas y convenciones sociales, muy por encima de los protocolos, y por supuesto, sin miramientos a los juicios y prejuicios de aquellos que desde fuera sólo advierten rebeldía en lo que es sólo una manifestación de mi personalidad, que no es menos correcta o menos aceptable por no ceñirse al 100% de las imposiciones ideológicas de mi institución.
Durante trece años todo se basó en ver-oír-callar, no porque no tuviera nada que decir al respecto de lo que se me decía y mostraba, sino por una forma de ejercicio de tolerancia, y también de paciencia, ansiaba el día en que llegara a la universidad, una nueva etapa de mi vida y de mi instrucción donde esperaba encontrar la diversidad ideológica y la apertura mental de la que se me privó durante mi educación primaria y secundaria. Habéis oído eso de “a veces las cosas no son lo que te esperas”, pues eso, más vale no hacerse ilusiones precipitadamente, esa es una de las primeras cosas que aprendí al entrar en la universidad, a la Facultad de Derecho y Ciencias Económicas y Empresariales de la UCO más precisamente.
En mi querida facultad existía una cierta dictadura hegemonía, un grupo de jóvenes se había apropiado de tal manera de los cargos representativos estudiantiles que los habían vuelto prácticamente inexistentes para el resto de los alumnos, y por tanto inservibles; mientras año a año se anunciaban elecciones democráticas para los encargados de esos puestos, el acudir a las urnas constituía una mera formalidad ya que los candidatos no eran otros que los actuales ostentadores, o sus sucesores dinásticos, únicos posibles vencedores dada la ausencia de competidores.
Prefiero no entrar en los detalles de cómo se ocuparon de anular el acceso a dichos cargos, y de cómo en los últimos años han sido capaces de las artimañas más escandalosas para evitar que les sean arrebatados; en lugar de ello voy a daros la buena noticia, la que estaba esperando poder dar desde hace tres años, desde la primera vez que les plantamos cara y les hicimos despertarse de su cómodo sueño de sucesión dinástica y mínimo esfuerzo.
Ayer, jueves 22 de abril del 2010, se celebraron las elecciones claustrales en mí facultad, y un grupo de amigos y compañeros, arrojados y comprometidos, consiguió hacerse con la mayoría de los escaños, nuestra representación claustral de este año tiene un nuevo color, rojo a decir de muchos, haciendo alusión a la inclinación política de los nuevos representantes, pero yo lo veo más bien verde, que es el color de la esperanza.
Para terminar quiero darle la enhorabuena a los bandos ganadores, que a mi parecer son dos; por una parte la totalidad del cuerpo estudiantil, que ahora cuenta con el respaldo de representantes de calidad; y por otra, a estos siete compañeros, Francisco Sánchez, María López, Anabel Aguilera, Amín Sadik, Patricia De La Obra, Maria José Catalán Y Elvira Valverde, que han obtenido la recompensa a su esfuerzo y que ahora tienen el honor de hacer eso que tanto les gusta, trabajar por la igualdad, la justicia y la democracia; hoy en la UCO, mañana en el mundo.
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martes, 6 de abril de 2010
El Principito
La historia de El Principito fue publicada por vez primera el 6 de abril de 1943, es un relato magnífico que no necesita presentación y mucho menos publicidad, ya que se ha leído a lo largo del mundo y en más de 180 lenguas y dialectos, según la wikipedia. No es que piense que mis hipotéticos lectores tengan edad infantil, o tan siquiera esa mentalidad, aunque no estaría nada mal, la verdad; pero, dedico un post a ese libro ya que, se tenga la edad que se tenga, merece la pena leerlo y releerlo, y por qué no, comentarlo y analizarlo, podemos encontrar muchas lecciones para adultos de parte de este pequñín, creación de Antoine de Saint-Exupéry.
Su protagonista, El Principito, es un niño que habita en el asteroide B612, muy pequeño, con tres volcanes y acosado por los baobas, y que un día abandona huyendo de los reproches de su Rosa, en busca de respuestas aparentemente sencillas y sin importancia para los interlocutores que se encuentra en los distintos planetas que conoce durante su viaje.
El narrador, que es El Aviador, es un adulto que en un momento de su vida miró hacia atrás, volvió a ponerse en el lugar del niño que un día fue, y sintió un poco de pena y otro tanto de disgusto por el tipo de persona en que se había convertido, un adulto; durante sus reflexiones nos hace ver cómo deberíamos ver las cosas, a través de la lupa infantil, y cómo en realidad las vemos; nos critica y se autocritica con sus continuos ataques a la naturaleza de las personas mayores y a lo que ese planeta de adultos señala como importante cuando en realidad no lo es, para ilustrarlo tenemos una muestra de sarcasmo en una frase: "La geografía, en efecto, me ha servido de mucho; al primer vistazo podía distinguir perfectamente la China de Arizona. Esto es muy útil, sobre todo si se pierde uno durante la noche".
Las metáforas que se nos muestran son muy simples o muy complejas, según nuestro nivel de 'retorcidez' mental...está por ejemplo el tema del tamaño tan reducido del planeta de nuestro principito, lo cual nos indica que su vida/universo es aún muy reducido y le queda mucho por vivir y aprender. También están los baobabs, los dichosos baobas que representan esos problemas que debemos atajar antes de que se retuerzan demasiado, y que además debemos acabar con ellos de raíz, conforman junto con los volcanes un llamado a la disciplina, aunque estos segundos sean menos graves, conforman simplemente una de esas cosas que se deben hacer sólo porque alguien tiene que hacerlo, sin excusas.
Un elemento que es una metáfora a la vez que un personaje, es La Rosa, es el amor verdadero del principito, quien nos dice que ha habido otras en su planeta, pero sólo ésta ha florecido y perdura. Fragante y hermosa, perfecta pero llena de imperfecciones, muy orgullosa a pesar de su fragilidad, se muestra vanidosa y egoísta siempre reclamando mimos y cuidados. Tras dejarla abandonada en su planeta el principito se lamenta por no haber dejado que el perfume de su rosa (las virtudes) opacara sus desplantes.
No me extenderé en mi análisis literario, de más o menos valor, me despido de este post con una de mis frases preferidas, que espero que nunca olviden: "No se ve bien sino con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos"
lunes, 5 de abril de 2010
Llegadas y partidas; o, partidas y llegadas...
Hasta hace algunos años lo tenía bastante claro, ir a una estación de tren o autobús, a un aeropuerto o a un atracadero representaba sin lugar a dudas motivo de felicidad. Era siempre para recibir a un familiar o ser querido que venía de visita o en su defecto para embarcarnos en unas mal planificadas pero siempre emocionantes vacaciones.
Hoy, con 22 años, esa imagen teñida de celeste cielo (no utilizo la metáfora del rosa porque nunca ha sido un color de mi predilección) ha adoptado una escala de grises con ciertas tonalidades difusas y confusas de toda la gama de colores que el ojo humano es capaz de apreciar, y no sólo esa imagen de mí en todos los distintos puertos, sino también todas las imágenes de mí en distintos momentos reiterativos de mi vida que a medida que crezco van adquiriendo nuevas tonalidades o tal vez perdiéndolas, dejándome con una paleta diferente cada vez para ilustrarlas mentalmente en mis recuerdos.
Y el cambio en mi percepción no se debe al simple hecho de que crezca, aprenda y madure, no se trata de una perspectiva que haya adoptado por mi aprendizaje basado en teorías escuchadas o leídas, sino en el aprendizaje real, ése que nos porporciona sólo la experiencia.
Despúes de tantas despedidas en que el “hasta pronto” es sólo un decir, en que el “hasta la próxima” marcaba un futuro cierto en medio de la incertidumbre y en el que el “te echaré de menos” más sincero es el más falso porque en realidad se quiere decir “quédate conmigo, por favor”, después de éstas y otras frases de despedida que prefriríamos no tener que decir u oír mi mente siempre lógica ha sido vencida por una paradoja, por la paradoja de mi vida en las salas de espera.
Los recuerdos más felices se funden y confunden con otros que no lo son tanto; en las escalas de felicidad y tristeza hay empates y desempates continuos. Vivo entre la nostalgia y la esperanza, las dos son combinaciones de alegría y tristeza, pero una me mantiene en el pasado, y la otra me empuja a seguir avanzando, ambas mostrándome una realidad más feliz.
Hoy, con 22 años, esa imagen teñida de celeste cielo (no utilizo la metáfora del rosa porque nunca ha sido un color de mi predilección) ha adoptado una escala de grises con ciertas tonalidades difusas y confusas de toda la gama de colores que el ojo humano es capaz de apreciar, y no sólo esa imagen de mí en todos los distintos puertos, sino también todas las imágenes de mí en distintos momentos reiterativos de mi vida que a medida que crezco van adquiriendo nuevas tonalidades o tal vez perdiéndolas, dejándome con una paleta diferente cada vez para ilustrarlas mentalmente en mis recuerdos.
Y el cambio en mi percepción no se debe al simple hecho de que crezca, aprenda y madure, no se trata de una perspectiva que haya adoptado por mi aprendizaje basado en teorías escuchadas o leídas, sino en el aprendizaje real, ése que nos porporciona sólo la experiencia.
Despúes de tantas despedidas en que el “hasta pronto” es sólo un decir, en que el “hasta la próxima” marcaba un futuro cierto en medio de la incertidumbre y en el que el “te echaré de menos” más sincero es el más falso porque en realidad se quiere decir “quédate conmigo, por favor”, después de éstas y otras frases de despedida que prefriríamos no tener que decir u oír mi mente siempre lógica ha sido vencida por una paradoja, por la paradoja de mi vida en las salas de espera.
Los recuerdos más felices se funden y confunden con otros que no lo son tanto; en las escalas de felicidad y tristeza hay empates y desempates continuos. Vivo entre la nostalgia y la esperanza, las dos son combinaciones de alegría y tristeza, pero una me mantiene en el pasado, y la otra me empuja a seguir avanzando, ambas mostrándome una realidad más feliz.
viernes, 2 de abril de 2010
En nombre de...
El ser humano es perfecto e imperfecto a la vez. Desde el punto de vista científico el homo sapiens sapiens es una maravilla evolutiva, desde el religioso es una maravilla divina. Todos y cada uno encerramos en la complejidad de nuestro ser múltiples imperfecciones que nos hacen perfectos y nos permiten errar de vez en cuando.
Sí, errar es muy humano, dicen; pero, si es tan humano, que alguien me explique el porqué de negarse a aceptar los errores cometidos como propios y en cambio enmascararlos o excusarlos con justificaciones sin sentido.
Escuchamos y/o repetimos demasiadas veces frases que contienen cosas del tipo “Lo hice por..” y a contuación viene palabras como “desesperación”, “ignorancia”, “necesidad”…y es válido, las personas seguimos moviendonos por impulsos e incluso por instinto. Lo que no es válido es creer que hacer cosas “En nombre de..” haga que por arte de magia nuestras acciones sean no sólo excusables sino además plausibles.
No nos dejemos engañar por aquellas personas que portan falsos estandartes con los que pretenden dar mérito a las barbaridades que cometen, desde el insignificante “Te mentí porque no quería lastimarte”, hasta “La guerra santa, en nombre de Dios” ,y símiles, que esgrimen los fanáticos religiosos.
Tenemos que ver el absurdo en sus justificaciones, por ejemplo, el amor es el más bello de los sentimientos, implica sacrificio, entrega, constancia; hablando de parejas, una persona que ama a otra le será fiel, sincera, respetuosa…no la traiciona y luego se lo oculta, eso no lo hace por su pareja, lo hace por sí, para tapar su desvergüenza. Los líderes religiosos justos difunden las enseñanzas de Dios, que no son otras que mensajes de paz, amor, misericordia, hermandad, perdón…muy distinto a lo que hacen aquellos que invitan a sus fieles a morir y matar como mandato divino.
Lo dicho, que no nos engañen, si un acto está motivado por un buen sentimiento o una buena causa, ese mismo acto tendrá un claro vínculo con ese sentimiento, como la única consecuencia posible de ese sentimiento o esa causa; si quiero hacer el bien, hago el bien, y no tengo que dar explicaciones, el cómo y el porqué estarán a la vista.
martes, 30 de marzo de 2010
Quiero tener un novio...para tener con quien pelearme!
Estoy siempre igual, negándome a soñar con mi príncipe azul, porque no soporto la idea de condicionar mi felicidad a otra persona, porque tampoco soporto la idea de volverme tonta loca de amor, porque mucho menos soporto la idea de mí soltando cursiladas por esta boquita…esa es la versión oficial. Extraoficialmente he de confesar que a veces pienso que no estaría del todo mal.
No, no me atraen demasiado los mimos, ni la idea de tener un compañero, ni quiero a alguien que pretenda ‘cuidarme’; lo que sí me parece fascinante es tener a una persona de confianza con quien pelear. Soy muy pacífica en términos generales, no me gustan los conflictos y los evito siempre que puedo, pero me atraen los retos, sobre todo los intelectuales, y los debates son mis predilectos.
Si me echo un novio seguramente será muy parecido y a la vez muy distinto de mí; con un poco de suerte será todo un curioso como yo y con un poco menos de suerte será tan orgulloso como yo; con un poco de puntería será de derechas, o ateo…y el debate está servido.
Sé lo que se imaginarían a partir del título, que me entusiasma la idea de las reconciliaciones, pero no, a mi me entusiasma el pleito (se me nota la vena de futura abogada, eh!). Sí, dirán que debatir puedo hacerlo con cualquiera, pero sería sin los privilegios que confiere la confianza que hay en pareja, jajaja.
¿Queréis la versión más extraoficial? Ser capaces de mantener una discusión con cierto grado de certeza de que es algo natural, que no tiene por qué afectar negativamente a la pareja, me dirá que es una relación de verdad. Porque un día no está completo si no tiene noche.
viernes, 26 de marzo de 2010
Diario de...una cínica.
La gente tiene muchas costumbres en sus relaciones sociales, una de ellas es la de dar consejos. Dicen los entendidos que sólo se debe aconsejar en dos circunstancias, cuando te lo piden o en cuestiones de vida o muerte; yo creo, como creo para la mayor parte de las cosas, que es mucho más complejo de lo que dicen los entendidos, y que por lo tanto no podemos limitarlo a esos dos criterios, ni debemos aconsejar siempre que nos lo pidan o en cuestiones de vida o muerte.
A mí me suelen aconsejar con cierta frecuencia, y siempre que lo hagan de buena fe lo agradezco sinceramente, y si son consejos útiles además los aplico, como creo que es justo.
Los consejos que más se repiten van desde lo más básico, como: "Está haciendo frío, abrígate bien si vas a salir" ; pasando por "Tienes que comer bien" o "Como no te pongas a estudiar desde YA, verás cuando lleguen los exámenes...". Hasta aquí todo sonará muy familiar para la mayoría, pero no sé yo si son igual de frecuentes para los demás, como lo son para mí, los consejos del tipo "Tienes que dejar de pensar tanto", "Déjate querer alguna vez", "No le des tantas vueltas a las cosas", "Dale un tiempo al amor", "Busca a alguien con quien compartir tu vida", "Déjate ayudar, tendrás a alguien que te recuerde que antes de las 5 de la tarde hay que comer! Y que el desayuno es de mañana y no de noche...una persona que se preocupe por uno no está mal"
El último de esos consejos me lo ha dado un amigo muy querido, y sé que me lo dio de todo corazón y con la mejor de las intenciones, así que pude simplemente guardarlo en un rinconcito de mi cabeza hasta que encuentre el momento para su mejor aplicación. Pero yo, desoyendo los consejos esos de no pensar tanto y de no darle más vueltas de la cuenta a las cosas, me he puesto a desdoblar cada una de las ideas que se pueden adivinarse en el mensaje de mi amigo.
Tengo que 'dejarme ayudar' o sea, permitir que alguien sea más que consciente de mis deficiencias, de mis carencias, de mi debilidad...de mi vulnerabilidad
'Tendré a alguien', y considerando el contexto, esa persona me tendrá a mí. Primera reaccion PÁNICO, segunda reacción PÁNICO otra vez; y es que por bonito que suene en las canciones de amor, eso de la mutua pertenencia no es la solución de los problemas del mundo, y para una persona como yo es un desafío aterrador.
Van a recordarme mis horarios de comida. Suena bien, ya que soy muy despistada, pero, y si esos recordatorios me los tomo como un reclamo de que lo alimente?. Y es que me pongo en esta escena/situación: Llega uno a casa y me suelta “Cari, que ya casi es hora de comer”, ¿a que da la impresión de que me están mandado a hacer un tour por la cocina? Así, por toda la cara…jajaja, vale, que sí, que me estoy pasando, pero como buena cínica tengo que poner mi facción más histérica al respecto.
Y para cerrar con broche, dejar que se preocupen por mí. No es por ir de independiente, sino que realmente disfruto sintiéndome autónoma; sé que habrán quienes siempre estén pendientes de mí, por ejemplo mis padres y otros parientes, es bastante inevitable, pero me gusta pensar que mi forma de hacer las cosas deviene en una preocupación menos para ellos; entonces, ¿por qué debería querer a otra persona de la que preocuparme por que no se preocupe?
Mucho me temo que no voy a seguir la mayoría de los consejos que me dan, al menos de momento; lo bueno para mí, si al final me sale todo bien podré estar orgullosísima de mí, lo bueno para los de los consejos desatendidos, si no me salen las cosas tan bien tendrán el consuelo de que quisieron advertirme. Yo espero que este cuento tenga final feliz, no pido ni príncipes ni perdices, que ya es conformarse mucho, y en todo caso siempre agradeceré los consejos de esas personas que me quieren, porque sé que es una forma de mostrarme su aprecio.
A mí me suelen aconsejar con cierta frecuencia, y siempre que lo hagan de buena fe lo agradezco sinceramente, y si son consejos útiles además los aplico, como creo que es justo.
Los consejos que más se repiten van desde lo más básico, como: "Está haciendo frío, abrígate bien si vas a salir" ; pasando por "Tienes que comer bien" o "Como no te pongas a estudiar desde YA, verás cuando lleguen los exámenes...". Hasta aquí todo sonará muy familiar para la mayoría, pero no sé yo si son igual de frecuentes para los demás, como lo son para mí, los consejos del tipo "Tienes que dejar de pensar tanto", "Déjate querer alguna vez", "No le des tantas vueltas a las cosas", "Dale un tiempo al amor", "Busca a alguien con quien compartir tu vida", "Déjate ayudar, tendrás a alguien que te recuerde que antes de las 5 de la tarde hay que comer! Y que el desayuno es de mañana y no de noche...una persona que se preocupe por uno no está mal"
El último de esos consejos me lo ha dado un amigo muy querido, y sé que me lo dio de todo corazón y con la mejor de las intenciones, así que pude simplemente guardarlo en un rinconcito de mi cabeza hasta que encuentre el momento para su mejor aplicación. Pero yo, desoyendo los consejos esos de no pensar tanto y de no darle más vueltas de la cuenta a las cosas, me he puesto a desdoblar cada una de las ideas que se pueden adivinarse en el mensaje de mi amigo.
Tengo que 'dejarme ayudar' o sea, permitir que alguien sea más que consciente de mis deficiencias, de mis carencias, de mi debilidad...de mi vulnerabilidad
'Tendré a alguien', y considerando el contexto, esa persona me tendrá a mí. Primera reaccion PÁNICO, segunda reacción PÁNICO otra vez; y es que por bonito que suene en las canciones de amor, eso de la mutua pertenencia no es la solución de los problemas del mundo, y para una persona como yo es un desafío aterrador.
Van a recordarme mis horarios de comida. Suena bien, ya que soy muy despistada, pero, y si esos recordatorios me los tomo como un reclamo de que lo alimente?. Y es que me pongo en esta escena/situación: Llega uno a casa y me suelta “Cari, que ya casi es hora de comer”, ¿a que da la impresión de que me están mandado a hacer un tour por la cocina? Así, por toda la cara…jajaja, vale, que sí, que me estoy pasando, pero como buena cínica tengo que poner mi facción más histérica al respecto.
Y para cerrar con broche, dejar que se preocupen por mí. No es por ir de independiente, sino que realmente disfruto sintiéndome autónoma; sé que habrán quienes siempre estén pendientes de mí, por ejemplo mis padres y otros parientes, es bastante inevitable, pero me gusta pensar que mi forma de hacer las cosas deviene en una preocupación menos para ellos; entonces, ¿por qué debería querer a otra persona de la que preocuparme por que no se preocupe?
Mucho me temo que no voy a seguir la mayoría de los consejos que me dan, al menos de momento; lo bueno para mí, si al final me sale todo bien podré estar orgullosísima de mí, lo bueno para los de los consejos desatendidos, si no me salen las cosas tan bien tendrán el consuelo de que quisieron advertirme. Yo espero que este cuento tenga final feliz, no pido ni príncipes ni perdices, que ya es conformarse mucho, y en todo caso siempre agradeceré los consejos de esas personas que me quieren, porque sé que es una forma de mostrarme su aprecio.
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